por Antonella Martínez
Una noche hace tres años en Córdoba yo estaba en una carrera automovilística, pues es a lo que me dedico. Íbamos por la octava vuelta, cuando de la tribuna una hermosa joven apareció gritando mi nombre. Me deslumbró su belleza, y me quedé paralizado por lo que perdí la carrera. Cuando bajé del automóvil la empecé a buscar. Cuando la encontré, nos presentamos: ella se llamaba Mía. Tiempo después nos pusimos de novios, yo se la presenté a mis padres los que la recibieron maravillosamente; cuando ella me presentó a sus padres no ocurrió lo mismo que con mis padres, sino que todo lo contrario, el recibimiento fue horrible y me sentí muy incómodo por lo que decidí retirarme. Al otro día Mía me llamó y me dijo que su madre no quería que salga más con ella porque yo no era lo que Mía merecía, pero ella me prometió que nada ni nadie nos iba a separar nunca. Me sentí el hombre más feliz del mundo en ese momento. Entonces ella me dijo que se quería ir conmigo a Inglaterra. Yo acepté. A la semana siguiente viajamos juntos.
En Inglaterra, estábamos organizando nuestra boda, cuando llegó la madre de Mía. Ella nos dijo que no nos podíamos casar; ambos le preguntamos por qué y nos dijo que éramos hermanos. Mía huyó despavorida. Mientras que yo hablaba con su madre (también la mía) llamada Rosa, me dijo: –Yo tuve un bebé, el cual lo secuestró su propio padre. Y yo le dije: -¿Qué tiene que ver eso conmigo? Y me respondió: -Ese bebé eras tú. En ese momento nos abrazamos y lloramos. AL anochecer Mía no regresaba, por lo que nos preocupamos y llamamos a la policía. Al otro día hallaron el cuerpo sin vida de Mía. El asesino fue un hombre que la había visto sola y llorando entonces la trató de robar y como Mía se había resistido, la mató. Al hombre lo identificaron gracias a una máquina que inventó el científico Robert Marquesin para identificar asesinos gracias a las huellas digitales extraídas del cuerpo de Mía. Yo cuando me enteré de la identidad del asesino lo maté con mis propias manos.
Esta historia se la cuento a cada pareja que conozco que se pelea, porque si algún día le pasa algo al otro se sentirán culpable por no haber disfrutado el tiempo compartido. Mi mamá Rosa y yo disfrutamos cada día juntos para recuperar el tiempo perdido por culpa de mi padre y cada noche le agradezco a Mía por haberme reencontrado con mi madre. A pesar de que éramos hermanos yo hasta el día de hoy la sigo amando, porque yo nunca la conocí ni la sentí como hermana, sino como mi alma gemela.
Moraleja: El mensaje es que hay que disfrutar el tiempo compartido con todos los seres que uno, en este caso Ever, más quiere. Y no hacer como hizo la mamá de Mía que prefirió callar que Mía tenía un hermano, porque después es más difícil decir la verdad: las mentiras siempre se descubren.
Una noche hace tres años en Córdoba yo estaba en una carrera automovilística, pues es a lo que me dedico. Íbamos por la octava vuelta, cuando de la tribuna una hermosa joven apareció gritando mi nombre. Me deslumbró su belleza, y me quedé paralizado por lo que perdí la carrera. Cuando bajé del automóvil la empecé a buscar. Cuando la encontré, nos presentamos: ella se llamaba Mía. Tiempo después nos pusimos de novios, yo se la presenté a mis padres los que la recibieron maravillosamente; cuando ella me presentó a sus padres no ocurrió lo mismo que con mis padres, sino que todo lo contrario, el recibimiento fue horrible y me sentí muy incómodo por lo que decidí retirarme. Al otro día Mía me llamó y me dijo que su madre no quería que salga más con ella porque yo no era lo que Mía merecía, pero ella me prometió que nada ni nadie nos iba a separar nunca. Me sentí el hombre más feliz del mundo en ese momento. Entonces ella me dijo que se quería ir conmigo a Inglaterra. Yo acepté. A la semana siguiente viajamos juntos.
En Inglaterra, estábamos organizando nuestra boda, cuando llegó la madre de Mía. Ella nos dijo que no nos podíamos casar; ambos le preguntamos por qué y nos dijo que éramos hermanos. Mía huyó despavorida. Mientras que yo hablaba con su madre (también la mía) llamada Rosa, me dijo: –Yo tuve un bebé, el cual lo secuestró su propio padre. Y yo le dije: -¿Qué tiene que ver eso conmigo? Y me respondió: -Ese bebé eras tú. En ese momento nos abrazamos y lloramos. AL anochecer Mía no regresaba, por lo que nos preocupamos y llamamos a la policía. Al otro día hallaron el cuerpo sin vida de Mía. El asesino fue un hombre que la había visto sola y llorando entonces la trató de robar y como Mía se había resistido, la mató. Al hombre lo identificaron gracias a una máquina que inventó el científico Robert Marquesin para identificar asesinos gracias a las huellas digitales extraídas del cuerpo de Mía. Yo cuando me enteré de la identidad del asesino lo maté con mis propias manos.
Esta historia se la cuento a cada pareja que conozco que se pelea, porque si algún día le pasa algo al otro se sentirán culpable por no haber disfrutado el tiempo compartido. Mi mamá Rosa y yo disfrutamos cada día juntos para recuperar el tiempo perdido por culpa de mi padre y cada noche le agradezco a Mía por haberme reencontrado con mi madre. A pesar de que éramos hermanos yo hasta el día de hoy la sigo amando, porque yo nunca la conocí ni la sentí como hermana, sino como mi alma gemela.
Moraleja: El mensaje es que hay que disfrutar el tiempo compartido con todos los seres que uno, en este caso Ever, más quiere. Y no hacer como hizo la mamá de Mía que prefirió callar que Mía tenía un hermano, porque después es más difícil decir la verdad: las mentiras siempre se descubren.
6 personas leyeron y opinaron:
hola!!!!!!!!!!! anto me encanto tu cuento tkmmmm
anto me encanto tu cuento besitos chauuuuuuuuuuuuuuuu
hiiiiiiiiii antuuuuuuu me gusto tu cuento
yo de nuevo me re gusto tu cuento
yo de nuevo me re gusto tu cuento
Ato el cuento estuvo re-bueno tambien te deja una buena enseñansa
chau jessi
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