por Ezequiel Vega
Hace un mes atrás en Rosario vivía un señor de bigotes largos llamado Julio, su hijo Matías y un perro llamado Rocko.
Matías tenía desde hace seis meses a Rocko viviendo en su casa. Él demostraba un gran sentimiento a su perro.
Un día Federico, su mejor amigo, le quiso regalar un perro de raza, el cual Matías había soñado tener toda su vida. Julio, al enterarse del ofrecimiento de Federico, se lo prohibió.
Antes de lo ocurrido, Matías tomó la decisión de quedarse con su perro Rocko y fue en busca de su amigo Federico a contárselo.
Cuando Federico lo escuchó, lo supo entender ya que Matías le dijo que el sentimiento, cariño, que tiene hacia Rocko es mayor y supera cualquier perro de raza.
Hace un mes atrás en Rosario vivía un señor de bigotes largos llamado Julio, su hijo Matías y un perro llamado Rocko.
Matías tenía desde hace seis meses a Rocko viviendo en su casa. Él demostraba un gran sentimiento a su perro.
Un día Federico, su mejor amigo, le quiso regalar un perro de raza, el cual Matías había soñado tener toda su vida. Julio, al enterarse del ofrecimiento de Federico, se lo prohibió.
Antes de lo ocurrido, Matías tomó la decisión de quedarse con su perro Rocko y fue en busca de su amigo Federico a contárselo.
Cuando Federico lo escuchó, lo supo entender ya que Matías le dijo que el sentimiento, cariño, que tiene hacia Rocko es mayor y supera cualquier perro de raza.
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